Hace poco hablaba con un compañero que colabora con un grupo de personas cuidadoras. La mayoría de estas personas son mujeres al cuidado casi permanente de padres, madres, hermanos o parejas con autonomía limitada o dependientes.

Las personas que se dedican principalmente a cuidar a otras, con las que conviven generalmente, viven sometidas a un alto estrés y lo que es más importante, de forma continuada. Someterse de forma permanente a las necesidades, demandas, cambios de humor y frustraciones de otra persona puede ser realmente desgastador con el paso del tiempo. Entre los casos de procesos tumorales o enfermedades coronarias asociados a un estrés a largo plazo es frecuente encontrar a cuidadores/as  de personas dependientes.red-40805_640

Ante este efecto en la salud y las dificultades de la sociedad para apoyar e integrar el cuidado de las personas dependientes y su entorno (hay que tener en cuenta el doloroso fracaso de la Ley de Dependencia) aparece el interés por los cuidados de cuidador  y las estrategias de autocuidado.

Hoy lo que  me gustaría es  hacer cinco simples preguntas a aquellas personas que se dedican a la admirable tarea  de cuidar de otros:

  1.  ¿Eres cuidador/a principal o cuidador/a único/a?
  2. ¿Crees que tienes derecho a tener un tiempo para ti? ¿Lo haces?
  3. ¿Crees que tienes derecho a pedir ayuda? ¿Lo haces?
  4. ¿Piensas que lo que tú haces  es un trabajo como el de otra persona (fontanero/a, profesor/a, etc)?
  5. ¿Quién o qué eres tú además de cuidador/a?
Cuidar de otros/as empieza por saber cuidar de uno/a mismo/a. Y el cuidado de los demás es asunto de todos/as.

Manejar las relaciones con los/as demás de forma sana y adecuada no es tarea sencilla, de hecho se convierte en un reto a lo largo de la vida.

Cuando nos relacionamos con la intención de ser asertivos , con los demás , (es decir de ser capaces de defender nuestros derechos y los de los demás dentro de unas relaciones de igualdad ), nos enfrentamos a distintas metas personales:
amigos

  1.  Ser yo  mismo/a: conocerme y aceptarme tal como soy para pedir ante los demás que me acepten tal cual soy.
  2. Hacer frente a todas las críticas que puedan hacerme, incluyendo a aquellas que pueden hacerme daño (críticas “destructivas”)
  3. Criticar de forma constructiva. La crítica constructiva es aquél comentario específico, sincero que se da en el momento oportuno y al que no enganchamos un “pero” como anunciando que ahora viene lo peor. En ocasiones se recomienda advertir a la otra persona de que lo que vamos a decirle quizá no le vaya a gustar (prescripción del síntoma”).
  4. Pedir lo que se necesita: pedir no es señal de debilidad, de que no somos capaces de proveernos algo, sino de que lo merecemos. A veces los demás quieren ayudarnos y no saben cómo, tenemos que guiarles un poco.
  5. Hablar en primera persona, desde el “yo”: “yo considero…”, “yo necesito…”, “yo siento que…”. Y ser específicos, expresar claramente qué comportamiento necesitamos que cambie. No es lo mismo decir “Eres tan desordenado/a…!” que “necesito que ordenes tu habitación”. No existen los “nunca” o los “siempre”, “todo” o “nada”, evitar las generalizaciones.
  6. Actuar de forma responsable. Asumir nuestros errores, sin justificarnos. No pasa nada por equivocarnos y reconocerlo, todos/as tenemos derecho.
  7. Negociar lo cotidiano, las normas de convivencia,  los acuerdos,… excepto cuando tratamos con los hijos, ya que con ellos/as la relación no es de igual a igual.

Cuando nos comunicamos adecuadamente, de forma clara y concreta, sin mensajes disfrazados/as y en el momento que toca, es más fácil conseguir una buena autoestima y mantener relaciones de amistad y de pareja realmente auténticas.

¿Aceptas el reto?

Hace poco me hablaban del caso de una familia. Esta familia sufría porque el hijo mediano, llamémosle Iván, arrastraba un preocupante fracaso escolar desde hacía un par de años, antes de comenzar bachillerato. No se tomaba en serio de lo de estudiar, dejaba todo para el último día, tampoco se decidía a tomar otra rama formativa.. aunque eso sí, para todo tenía excusa;)

Sus padres preocupados hablaron con un terapeuta familiar a ver si alguien externo a la casa, con un enfoque distinto podía llegar a él para que comprendiese la gravedad de la situación y la necesidad de comprometerse con unos estudios. Al conocer el mapa familiar mi compañero prefirió antes que  intervenir, contar con la mediación de otro miembro de la familia, como co-terapeuta o similar: el hermano mayor (“Pedro”).fishing-net-387819_640

Pedro le lleva apenas dos años a Iván, estudia en la Universidad y vive de forma independiente. Pedro e Iván han tenido rachas de llevarse mal, otras un poco mejor. Lo que no hay duda es que Iván siempre mostró una lealtad y admiración completa hacia su hermano. Y con la madurez y la distancia los conflictos entre hermanos se recolocan. No sé muy bien cómo lo hicieron exactamente, si hablaron con Pedro, qué le dijeron, imagino que generaron el contexto adecuado para que  fluyera la confianza que hay entre ambos. De alguna manera, esto funcionó. No es que Iván diera su brazo a torcer inmediatamente, pero estuvo pensativo y cambió algunas actitudes, se le vio  más responsable.

A veces la mejor intervención en nuestro entorno es no intervenir, tanto en lo profesional como en lo personal. Una gran decisión puede ser elegir quién es la persona más accesible e influyente  para quien necesita ayuda y delegar  en él/ella, eso sí, sin que sienta la presión de ser el/la responsable del cambio de otra persona ni sentir el peso de las expectativas de los demás.

Pedro, sin llegar a formar parte del mundo adulto que nada sabe del de los adolescentes, acumula la ventaja vital suficiente como para que su hermano pequeño lo perciba como ejemplo a seguir y este modelado se ha reforzado a lo largo de los años. Unido a la complicidad de compartir y  “enfrentarse” juntos a las exigencias de los padres. Es muy difícil que escuchemos los consejos de alguien con quien no nos identificamos o no tenemos nada en común.

Tanto en una familia como en un equipo de trabajo, para avanzar tendremos que apoyarnos en nuestra red . Esto significa :

  1. Conocer bien qué pueden aportar los/as que nos rodean
  2. Hacer un ejercicio de humildad,
  3. Dejar los egos a un lado
  4. Aprender a delegar.

 

Lo importante es que se produzcan los cambios. No tenemos que ser nosotros/as los protagonistas de todos.

Tengo un amigo que ha intentado como tres veces dejar de fumar. Está muy motivado y  concienciado de lo que perjudica  su salud y los de su alrededor  y realmente está empezando a tener problemas de salud relacionados con el tabaco, pero siempre recae. Le frustra mucho y siente que nunca va a conseguirlo.

¿Por qué si la gente está tan motivada a cambiar les cuesta tanto hacerlo?¿No dicen que hace más el quiere que el que puede? Quizá no saben cómo o sus expectativas sobre cómo iba a cambiar sus vidas no se corresponden con lo que realmente llega después.

Pensar de forma realista en los obstáculos que me voy a encontrar y en cómo afrontarlos me ayuda a aumentar mi sensación de cigarette-296713_640 (1)control sobre la situación .Realmente no puedo tener el control absoluto, pero me siento con control, y eso es lo que importa para seguir adelante con el cambio.

Para identificar los posibles obstáculos necesitamos :

  1. Conocer el entorno y conocernos  a nosotros/as  mismos/as. Por ejemplo si quiero dejar de fumar, me conviene revisar cuál es la carga de estrés que preveo en los próximos meses, tanto laboral como personal, para saber si ahora es un buen momento para empezar o si me va a costar más de lo que yo  esperaba .Por otro lado, si me conozco lo suficiente y conozco mis necesidades sabré si utilizo el hábito de fumar para aliviar el estrés o si no fumamos más en condiciones de estrés sino que fundamentalmente nos ayuda a  relacionarnos los fines de semana.
  2. Buscar una estrategia alternativa  o un recurso distinto para satisfacer nuestras  necesidades , un “plan B”. Si reconozco que fumo más cuando estoy bajo presión , iré entrenando una forma alternativa de relajarme incluso antes de empezar a abandonar el hábito . Es importante que esta conducta alternativa se  pueda realizar en las mismas circunstancias que fumar (sin salir del lugar de trabajo o sin necesitar a otras personas ) como  apretar una pelota , ver un video gracioso en internet  o aplicarnos un automasaje : es bueno probar  planes B,C,D,E … hasta quedarnos con el que nos funciona.

 Lo mismo podemos podemos aplicar  a otros cambios que afrontamos en la vida , como pasar de trabajador/a por cuenta ajena  a autónomos/as . Aquí por ejemplo podemos preveer dificultades económicas, organizativas , falta de tiempo, … por lo que puedo ir pensando en  una fuente complementaria de ingresos, personas con las que pueda compartir tareas,etc.

Por lo demás , el hueco que queda entre nuestro plan de acción y lo que realmente ocurre con sus resultados se “rellena” con confianza : en nuestra capacidad para tomar decisiones , para generar nuevos caminos y para aceptar los imprevistos.

Pasos lentos pero seguros para cambios que aunque pequeños, sean estables.