Alguna vez os habéis parado a pensar en cuantas cosas guardamos en casa?. documentos antiquísimos, que estamos seguros nunca nos van a hacer falta;  ropa que no nos ponemos, bien porque no nos sirve, porque es de otra temporada, porque la vamos a reciclar (y nunca lo hacemos), pero guardamos por si acaso;  material escolar que compramos, guardamos, no sabemos donde y terminamos volviendo a comprar lo mismo; toallas, sábanas, útiles de cocina, que probablemente tengamos por duplicado e incluso por triplicado o cuatriplicado; el típico regalo que nos hacen cuando alguien va de vacaciones y aunque no nos guste lo ponemos solo por no herir los sentimientos de la persona que con tanto cariño nos ha hecho ese presente. Así podría seguir hasta cansarnos.

Guardar cosas para cuando no tengamos o se nos rompa algo, es una idea fantástica; el problema viene cuando queremos encontrar algo que verdaderamente necesitamos, que al final nunca lo encontramos o cuando queremos comprar algo nuevo, pues siempre surge la misma pregunta: ¿Dónde lo guardo?.

Durante estos días me ha dado por pensar si esto de no limpiar la casa de cosas que no usamos, están estropeadas, etc., tiene  alguna similitud con nuestra higiene mental; me refiero a que si alguna vez nos hemos planteado limpiar nuestros armarios mentales de aquellas ideas, actitudes, hechos que bien se quedaron lejos en el tiempo o simplemente ahora no nos sirve.

Limpiar, dejar hueco, deshacernos de aquello que hace más de un año que usamos es un sano ejercicio, en todos los sentidos; no solo porque desempolvamos las cosas, los pensamientos, las actitudes, etc.,  sino porque dejamos hueco para lo nuevo que está por llegar.

Cuando empezais a limpiar vuestras estanterias?

Ayer fui a hacer la compra con mi lista ( como la gente ordenada), y curiosamente casi me dejo atrás dos cosas no porque me olvidara o no las encontrase, sino porque no podía identificar ciertas palabras que había escrito …

Decimos que escribimos rápido, o que no escribe bien el boli, pero realmente yo al menos en esos momentos me doy cuenta de que he ido perdiendo capacidad caligráfica con el tiempo. 

Cualquier habilidad se deteriora o atrofia si no se usa, como los músculos. Y lo cierto es que cada vez es más frecuente encontrar personas que hasta la lista de la compra la escriben en un ipad .

La escritura manual si  acaso se está relegando a textos muy breves, notas, dedicatorias de libros o tarjetas , firmas de documentos y poco más. Lo más habitual para comunicarnos y para elaborar textos es pulsar teclear, no escribir .

¿Tendríamos más fresca de adultos la escritura manual si tuviésemos que utilizarla  necesariamente para tareas muy habituales y prolongadas?Posiblemente sí. Si nuestra productividad , eficacia o imagen dependieran de ello nos veríamos obligados a esforzarnos más  .Lo que mejor aprendemos es aquello que nos es más útil o importante para adaptarnos ,y  ya no ocurre así con la escritura manual

Aunque esto es cambiando con el auge del Grafoanálisis , por ejemplo no es extraño encontrar ofertas de empleo en las que solicitan expresamente cartas de presentación escritas a mano para evaluar a  los candidatos  ( pausa “comercial”  : En Espacio Abierto preparamos un curso básico de Grafopsicología y Grafoanálisis para el mes próximo, más información en la web)

Por otro lado: ¿qué les resulta  más desagradable a ustedes?tratar con alguien que no habla bien o que no conduce bien  o con alguien que tiene una letra poco legible? No hay que olvidar los valores sociales ; la mayor parte de las veces que conocemos a alguien tardamos más en verle  escribir a mano que demostrar otras habilidades , no es tan importante escribir bien para causar una buena primera impresión.

Pero trabajar la caligrafía no sólo ayuda a mejorar el resultado ( la letra), sino que desarrolla la motricidad y el pulso y nos ayuda a comunicarnos mejor y evitar malos entendidos .

Miren, como buen propósito para el nuevo año me podía haber propuesto mejorar mi letra. Bueno, quizá aún estoy a tiempo…En cuanto acabe con esta entrada.

No me he considerado nunca una persona especialmente  carnavalera : a ver,  cada año cae una cabalgata  o un mogollón, aunque no me muero tampoco si no puedo ir .  Aún así  valoro la función social del Carnaval. Es importante que exista el  Carnaval por estas razones:

Dr. Zoidberg, de Futurama

1) Buscar un disfraz, aunque sea metiendo la cabeza el mismo día en el fondo del armario o tirando de una peluca y otro accesario prestado, estimula necesariamente la creatividad de la gente.

En este sentido nos podemos encontrar de todo, desde las personas que desde meses antes han meditado el concepto del disfraz, han diseñado cuidadosamente el vestuario  y consultan día a día las web extranjeras de compraventa en busca de accesorios de lo más diverso ( gafas antiguas de aviador, guantes de soldadura,…) hasta aquellos que les basta un gramo de purpurina porque dicen que ya van disfrazados todo el año . Y pasando por los que , como yo empiezan a pensar en algo con mucha pereza y luego se ven haciendo cola en las tiendas de chinos para ese detalle que la auténtica identidad al disfraz. Yo la verdad admiro a la gente que con un guante de disfraz y dos cartulinas se monta un disfraz de lo más original, como el amigo de la foto.

Recordemos a todo esto que la meta de un disfraz a veces es que la gente enseguida entienda de qué vamos disfrazados ).

2) El carnaval pone de relieve las diferencias culturales entre los pueblos. Piensen en el Carnaval de Brasil  y luego en el de Venecia, el de Canarias o el de Cádiz. O el carácter exhuberante de Brasil, la elegancia de los venecianos , lo popular y tropical” de los canarios y la socarronería de Cádiz.

3) Cuando relamente te implicas en la fiesta ( también puede ocurrir en otras) puedes olvidarte de muchas normas sociales y de quedar bien, te puedes permitir ser más espontáneo/a, porque al fin y al cabo en ese rato tú no eres tú, sino el personaje que has elegido crearte. También hay que decir que el ambiente carnavalero facilita la desinhibición de la gente…;)

Todos comparten el juego de despistar, todos estamos en un mismo sitio con un aspecto extraño, diferente al que lucimos siempre ( algunos incluso ridículo , es así) pero nadie se siente raro o diferente porque todos/as ese día han abandonado su personaje habitual y se han convertido en carne de carnaval .

 

 

 

Decía una amiga mía  y anterior compañera de piso que no conoces realmente a una persona hasta que convives con ella. Yo creo que aún así puedes seguir sin conocerla realmente, y también depende de qué tipo de convivencia se trata.Pero es cierto que descubres aspectos  en las personas que antes eran ocultos.

Se acerca San Valentín y posiblemente muchas parejas no van a celebrarlo juntas porque la convivencia no es una prueba fácil de superar. Convivir no es sólo compartir una vivienda, también implica coordinar horarios, negociar normas y aceptar hábitos. Es un reto para la flexibilidad , la comunicación y la confianza de cada persona.

Cuando compartes piso hay que definir entre varias personas cuándo algo realmente está “limpio”, cuánto es “demasiado ruido”, o qué espacio le corresponde a cada persona ( no sólo el físico). Y entonces te das cuenta de que las cosas quizá no sean necesariamente como tú las ves, todo adquiere un tono relativo.

La acumulación de pequeñas tensiones ,   pequeños detalles que nos parecen molestos a lo largo del día, meses y años puede generar realmente una situación de estrés y de irritabilidad. Puede dañar seriamente una relación de amistad o de pareja. Y las personas que llevan mucho tiempo viviendo solas generalmente toleran peor estas situaciones, porque no han aprendido aún a compartir una espacio y/o vida adulta.

Antes que nada, hay que tener paciencia. Porque salir de un hogar para construir otro requiere un todo un proceso y es normal que aparezcan pequeñas crisis y que nos decepcionemos. Son muchas cosas cosas que adaptar y cambiar, además de que no todas las personas están igual de preparadas.

Por otra parte , tampoco es necesario que las personas que conviven participen juntas en todas las actividades. Es normal que a la gente le apetezca hacer cosas por su cuenta y no siempre invitar a los otros. De hecho, en las relaciones de pareja es importante que cada uno tenga su espacio y que no pierda aspectos de su vida en invidivual . Esto no significa que queramos exluir a la/s otra/s personas de nuestra vida.

Para evitar tensiones va a ser fundamental mantener una actitud tolerante con la/s otra/s persona/s. A veces no es posible decidir quién lleva la razón o en qué canal se debe poner la tele. Entonces, vamos a turnarnos de alguna forma , unas veces ceden unos y otras veces otros. Lo mismo con la decoración o con las actividades. Recordemos que si preferimos tener el control de todo , menos es vivir solo/a.